Mi experiencia de voluntariado en el Programa de Agua Limpia
Por Kevin J. Hernández (Ingeniero Civil y Ambiental), Universidad de Nevada, Reno
¡El agua limpia es un derecho humano!
Con más del 90 % de las aguas superficiales del país contaminadas y 1.6 millones de personas sin acceso a agua limpia y potable, El Salvador es terreno fértil para iniciativas y programas de acceso al agua limpia. Uno de estos programas es el de Centro de Intercambio y Solidaridad (CIS), que junto con el apoyo de Clean Water For the World ha ayudado a proporcionar sistemas de agua limpia a más de 3,000 familias en más de 40 comunidades.
El sistema que utilizan es simple y adaptable: una cámara de luz UV que destruye bacterias y virus y tiene capacidad para purificar agua a razón de hasta 300 galones por hora, beneficiando a comunidades de hasta 600 personas. Actualmente hay más de 300 de estos sistemas instalados, y CIS continúa trabajando con líderes y autoridades locales para identificar lugares con necesidad de este tipo de tecnología.
Durante mi tiempo con CIS, trabajé junto a Don Luis Aristides Aguillón, promotor del programa de agua limpia con más de 15 años de experiencia. Nuestra labor consistió en visitar diversas comunidades para reparar o instalar unidades de cámara de luz UV. Fue para mí una experiencia emocionante y enriquecedora, porque no solo pude “ensuciarme las manos” instalando sistemas de purificación de agua en comunidades que realmente los necesitaban, sino que también pude ver de primera mano cómo mejoraba la vida de la gente semana tras semana.
Un momento particularmente significativo fue nuestra visita a Isla Tasajera, una isla en La Paz, El Salvador, frente a la Costa del Sol. Allí fuimos al Centro Escolar del Cantón San Rafael Tasajera, que atiende a los niños de los aproximadamente 2,000 habitantes de la isla. Después de un viaje de 25 minutos en lancha, descubrimos que el sistema de purificación no funcionaba desde hacía más de dos meses.
Aunque las baterías aún funcionaban, el filtro de 5 micrones estaba completamente negro y el agua salía turbia y marrón. Con la instalación de nuevos filtros y tubos de vidrio, el sistema volvió a funcionar y los estudiantes pudieron usar agua limpia para beber y para lavar materiales. También aprovechamos para capacitar al personal de la escuela en el mantenimiento correcto del sistema para que siguiera funcionando hasta la próxima revisión, programada para dentro de 3 a 6 meses (generalmente realizada por CIS).
Otra experiencia muy enriquecedora fue trabajar con los estudiantes becados de secundaria y universidad que CIS apoya cada año. El programa financia la educación de más de 500 estudiantes en zonas con pocos recursos, donde muchas veces la educación no se ofrece más allá del 6.º grado. Con estos estudiantes, colaboramos en desarrollar proyectos de servicio comunitario y les proporcionamos herramientas sobre liderazgo y éxito que pueden aplicar en su educación y carrera.
Uno de estos proyectos en San Pablo Tacachico consistió en que los estudiantes cuidaran y mantuvieran el parque comunitario local: regando plantas, desyerbando y recogiendo basura. Además, durante mi voluntariado tuve la oportunidad de hablar con los estudiantes y sus familias sobre mi propia trayectoria educativa en los Estados Unidos y cómo espero usar mi formación en ingeniería civil para apoyar y servir a comunidades en desarrollo como la de ellos. Si bien espero haber inspirado a otros, también fui profundamente inspirado al ver a tantos estudiantes y familias motivados a hacer cambios en sus comunidades tanto con palabras como con acciones.